En el CHAS estamos acostumbrados a verlos así. Caballos que pasan parte del día en los paddocks, con forraje, al aire libre y sin que haya nadie diciéndoles hacia dónde tienen que ir o a qué ritmo.
Es una imagen muy cotidiana en una hípica, pero detrás hay bastante más que simplemente “sacar al caballo del box”.
Los caballos son animales que, por su propia naturaleza, pasan muchas horas buscando e ingiriendo alimento y moviéndose mientras lo hacen. De ahí que en el manejo actual del caballo se dé cada vez más importancia a tres necesidades bastante básicas: movimiento libre, forraje y relación con otros caballos. World Horse Welfare las reúne en un concepto muy sencillo: friends, forage and freedom. World Horse Welfare
El papel de los paddocks
Los paddocks permiten incorporar parte de esas necesidades a la rutina de una hípica. El caballo puede pasar tiempo en el exterior, moverse libremente y tener acceso a forraje. También puede mantener contacto visual y proximidad con otros caballos, algo importante en una especie marcadamente social.
Ese tiempo no sustituye al entrenamiento. Tampoco es lo mismo un caballo suelto en un paddock que uno trabajando a la cuerda, montado o caminando de la mano. En esos casos hay ejercicio, pero el movimiento está dirigido. Durante el tiempo de turnout el caballo puede regular por sí mismo cuánto y cómo se mueve.
También el acceso frecuente a forraje tiene una razón que va bastante más allá de mantener al caballo entretenido. Su aparato digestivo está adaptado a una ingesta de fibra repartida durante muchas horas, y el propio acto de buscar alimento y masticar forma parte de su comportamiento natural.
Una parte más del día a día
En el CHAS contamos con 144 boxes de pupilaje y con paddocks exteriores que forman parte del manejo habitual de los caballos alojados en nuestras instalaciones.
No todos tienen la misma rutina porque tampoco todos los caballos son iguales. Su edad, condición física, alimentación, actividad, temperamento o situación concreta influyen en cómo se organiza su día. Y también lo hacen el terreno y el tiempo, algo que en Asturias conocemos bastante bien.
El cuidado diario de un caballo acaba siendo precisamente la suma de muchas cosas: una alimentación adecuada, ejercicio y entrenamiento, descanso, higiene, observación de su estado físico y de su comportamiento, cuidado de cascos y dentadura, relaciones sociales y la posibilidad de pasar tiempo fuera.
Los paddocks son una parte más de todo eso.
Hoy hemos grabado a algunos de nuestros caballos precisamente allí. No estaban haciendo nada especial. Pero quizá por eso nos apetecía enseñarlo: la vida de una hípica también transcurre durante todas esas horas en las que los caballos, sencillamente, hacen lo que mejor saben hacer: ser caballos.