Hay cosas que, cuando forman parte de tu día a día, dejan de llamarte la atención.
En el mundo de la hípica ocurre con la presencia de las mujeres. Las ves montar, competir, entrenar, enseñar, trabajar con los caballos, juzgar una prueba o desarrollar su profesión alrededor de ellos. Y ves también muchísimas niñas que empiezan muy pequeñas y para las que estar cerca de un caballo es algo absolutamente natural.
En el CHAS estamos acostumbrados a esa imagen. Forma parte de cualquier día de Escuela, de los entrenamientos y de las competiciones que vivimos dentro y fuera del club.
Hasta que miras los datos.
En España, el 76 % de las licencias hípicas federativas son de mujeres. En 2025 fueron 45.788 frente a 14.444 hombres. En Asturias, los últimos datos territoriales publicados sitúan el porcentaje femenino cerca del 78 %.
Es una diferencia enorme y explica por qué, desde dentro, la hípica puede percibirse como un deporte con una presencia femenina especialmente fuerte.
Mujeres y hombres compitiendo en la misma pista
Hay además una particularidad importante.
En hípica, hombres y mujeres compiten juntos. Una amazona y un jinete participan en la misma prueba y aparecen en la misma clasificación.
Estamos tan acostumbrados a verlo que puede parecernos poco relevante. Sin embargo, no es lo habitual cuando miramos otros deportes de competición.
Y esa presencia femenina llega también a los grandes campeonatos. En París 2024, las mujeres consiguieron 50 de las 75 medallas disputadas entre las disciplinas ecuestres de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos.
Hasta aquí, la fotografía parece bastante clara.
Pero hay otra parte que resulta mucho menos evidente.
¿Qué ocurre cuando llegamos a la élite?
Cuando se observan determinados niveles de la competición internacional, aquella mayoría femenina empieza a reducirse.
En salto es especialmente llamativo.
La FEI analizó la distribución por género de sus rankings internacionales y, en los datos correspondientes a 2022, aproximadamente un tercio de los deportistas clasificados en salto eran mujeres. Entre los cien primeros, la proporción bajaba al 20 %. Entre los treinta primeros, al 6,8 %.
Es una diferencia importante, sobre todo cuando la comparamos con lo que sucede en la base.
¿Por qué ocurre?
Los propios datos no permiten dar una respuesta sencilla y probablemente tampoco exista una sola. La carrera deportiva en la hípica tiene características muy particulares. Llegar al máximo nivel no depende únicamente del jinete o la amazona: entran en juego los caballos con los que se puede competir, los recursos disponibles, el entorno profesional y una trayectoria que necesita muchos años para construirse.
Atribuir esa diferencia a una única causa sería simplificar demasiado. Lo que sí sabemos es que existe y que la enorme presencia femenina que vemos al comenzar no se mantiene de la misma manera en todos los niveles y disciplinas.
La hípica femenina tampoco termina en las amazonas
Cuando pensamos en la mujer dentro de este deporte es fácil que la primera imagen sea la de una amazona.
Pero alrededor del caballo hay mucho más.
Entrenadoras, juezas, veterinarias, mozas, propietarias y profesionales vinculadas a ámbitos muy diferentes forman parte de la actividad diaria.
También aquí algunos datos resultan interesantes. En España hay prácticamente el mismo número de juezas que de jueces registrados por la RFHE: 276 frente a 277. Entre los entrenadores, las mujeres representan ya el 46 %.
Son cifras que ayudan a entender que su presencia no se limita a practicar este deporte. Forma parte también de todo lo que permite que funcione.
Lo que vemos cada día
Desde un club, seguramente todo esto se percibe de una forma bastante más sencilla.
Lo vemos cuando una niña empieza a montar y, con el tiempo, pasa del poni al caballo. Cuando decide entrenar más, cuando descubre la competición o cuando sencillamente continúa montando porque quiere que la hípica siga formando parte de su vida.
Lo vemos también en las mujeres que enseñan, trabajan y compiten y en todas las que están alrededor de los caballos sin necesidad de aparecer en una clasificación.
Por eso, quizá lo que más sorprende después de mirar los datos es algo que teníamos delante desde el principio.
Estamos tan acostumbrados a la presencia de mujeres y niñas en la hípica que ha dejado de parecernos extraordinaria.
Lo es.
Y al mismo tiempo, la diferencia que todavía aparece en determinados niveles de la alta competición nos recuerda que la fotografía no está completa.
Hay una enorme base femenina. Hay mujeres ocupando prácticamente todos los espacios de este deporte. Hay hombres y mujeres compitiendo juntos.
Y todavía quedan algunas preguntas interesantes cuando miramos hacia arriba.