Hay personas que forman parte de la historia de una institución y otras que, sencillamente, son la propia institución. A sus 86 años, Mario Martínez García es una de esas personas que han visto pasar generaciones, presidentes, jinetes y familias enteras por el Club Hípico Astur. Una persona que conserva intacta la pasión por los caballos y que guarda en su memoria algunos de los momentos más importantes de la historia del CHAS.

Empresario del sector de la madera durante toda su vida profesional y aficionado a la hípica desde la infancia, Mario habla con la serenidad de quien ha vivido mucho y con la emoción de quien sigue sintiendo este club como parte de su propia familia.

Su relato es mucho más que una conversación. Es un viaje por la historia del Club Hípico Astur y, al mismo tiempo, una lección sobre los valores que hicieron grande al CHAS y que, según él, jamás deberían perderse.

«Lo que nunca debería perder este club es su alma»

Una vida ligada a los caballos

«Mi pasión por los caballos empezó cuando era un niño»

«Tengo 86 años y llevo enamorado de los caballos prácticamente toda mi vida. Empecé a acudir a concursos en 1947 y desde entonces nunca me aparté de este mundo.»

Así comienza una conversación que parece trasladarnos a otra época.

Los caballos fueron siempre una pasión. Primero como espectador y posteriormente como padre de jinetes y socio muy implicado en la vida del club.

«Cuando era joven incluso iba a las carreras y se apostaba, como hacía mucha gente entonces, pero aquello pasó. La verdadera pasión eran los caballos y la hípica.»

Fue con la llegada de sus hijos a este deporte hizo que su vinculación fuera todavía mayor.

«Cuando tus hijos empiezan a montar, ya no es solamente una afición. Pasas a vivirlo de otra manera. Te implicas más y acabas formando parte de todo aquello.»

Y así fue durante décadas.

Una conversación en el Café Imperial que cambia la historia

La historia del Club Hípico Astur no nació en unas oficinas ni detrás de grandes proyectos empresariales.

Nació alrededor de una mesa.

«Nos reuníamos en el Café Imperial, en la calle Corrida, varios aficionados a los caballos. Allí estaba un señor vasco apellidado Alonso, que había venido a Gijón como director de Colchón Flex. Hablando unos con otros, un día surgió la idea: ¿Por qué no hacemos un club hípico en Gijón?»

La idea era bonita, pero también complicada.

«No había dinero. No había instalaciones. No había prácticamente nada. Solo existían las ganas y la ilusión.»

Aquella ilusión acabaría cambiando la historia.

Mario Martinez historia del CHAS
Mario Martinez historia del CHAS

CINCO CABALLOS Y MUCHA VOLUNTAD

Los comienzos fueron extremadamente humildes.

«Nos dejaron un pequeño cobertizo en Las Mestas. Allí teníamos cuatro o cinco caballos y poco más.»

Los socios pagaban una cuota de 25 pesetas al mes.

«Aquello servía para mantener a los caballos y pagar al cuidador.»

No había lujos ni grandes instalaciones.

«Todo era muy sencillo. Pero había una enorme ilusión.»

Entre las familias que participaron en aquellos primeros años se encontraban los Fernández, Álvaro González o Paquillo, entre otras.

José Manuel Fernández se convertiría en uno de los primeros presidentes.

«No había dinero, pero había una ilusión tremenda.»

Posteriormente el club se trasladó a La Calzada, aunque seguía siendo una entidad modesta.

«Aquello parecía que no terminaba de despegar.»

El impulso que transformó el CHAS: la llegada de Severino Canteli

La verdadera transformación del Club Hípico Astur llegaría años después.

«Con Severino Canteli cambió todo.»

Comenzaron las grandes inversiones y el crecimiento.

El número de socios aumentó rápidamente y se acometieron importantes obras.

«Aquello empezó a convertirse en un club de verdad.»

La piscina y un hórreo

Había una necesidad evidente: La piscina.

«Los socios pedían una piscina y el club no tenía dinero para construirla.»

Fue entonces cuando entró en escena Fernández Miranda.

«Se consiguieron siete millones de pesetas para hacer la piscina.»

Y con ello nació una de las anécdotas más curiosas que recuerda.

«Como agradecimiento, se desmontó un hórreo asturiano y se llevó a Madrid. Se lo montaron en su finca y fue una sorpresa para él.»

Una historia difícil de imaginar hoy en día.

Mario Martínez visita el CHAS
Mario Martínez visita el CHAS

El CHAS como una gran familia

Mario está convencido de que uno de los grandes aciertos del club fue convertirse en un lugar abierto a todos.

«En aquella época existían el Club de Tenis, Regatas o Golf, pero eran ambientes distintos.»

El Club Hípico Astur representaba otra forma de entender las cosas.

«Era un club cercano y familiar. La entrada era asequible y se daban facilidades para pagar»

Muchas familias de clase media encontraron allí un lugar donde sentirse cómodas.

Y los resultaron no tardaron en llegar.

«En muy poco tiempo se pasó de unos pocos cientos de socios a superar los mil.»

Cuando recuerda aquellos años, se le ilumina la mirada.

«Lo social era una maravilla. El restaurante estaba lleno constantemente. El club estaba siempre lleno»

Las familias pasaban los fines de semana completos en el club.

Los niños crecían juntos.

Los padres convivían.

Las amistades duraban toda la vida.

«Había fiestas, reuniones y un ambiente extraordinario. Aquello era una gran familia»

Era un club con alma, con una personalidad que transcendía lo meramente organizativo.

«Los taburetes de la barra estaban hechos con auténticas sillas de montar.»

Los años dorados del CHAS

Mario recuerda los años 70 como unos años extraordinarios, aunque también llegaros unos magníficos 80 y principios de los 90.

Se organizaron grandes concursos.

Campeonatos de España.

Pruebas internacionales.

«Llegaron algunos de los mejores jinetes jóvenes de Europa.»

La hípica vivía una época dorada y el CHAS se alzaba como referente con muchísima actividad y ambiente.

Liderazgo, orden y proyecto común

Durante la conversación recuerda a distintos presidentes y dirigentes.

Pero especialmente a Ramón.

«Ramón era un hombre con carácter. Un líder.»

Y añade algo que repite varias veces.

«Un club necesita liderazgo. Tiene que haber alguien que marque un rumbo»

Porque las instituciones necesitan dirección y para Mario es el orden y el liderazgo lo que permite avanzar.

Conversación con Mario Martínez
Conversación con Mario Martínez

La hípica como escuela de valores

La hípica enseña valores para toda la vida.

Sus propios hijos fueron un ejemplo.

«Mis hijos lloraron muchas veces porque querían tener un caballo y todavía no estaban preparados.»

Recuerda que antes no existían los ponis como hoy.

«Los niños empezaban directamente con caballos.»

Y aquello implicaba responsabilidad.

Disciplina.

Sacrificio.

«La hípica forma personas.»

Una frase que resume perfectamente su filosofía.

La vida social que merece volver

Cuando se le pregunta qué es lo que más echa de menos, no tarda en responder.

«La vida social. Eso es lo que nunca debería perder un club»

Lo tiene clarísimo.

No habla de instalaciones pistas, campeonatos. Habla de personas.

Porque un club no puede ser únicamente un sitio al que uno llega, monta y se marcha.

«Hay que hacer fiestas. Entregas de premios. Reuniones. Actividades. Tiene que existir convivencia»

Orden, disciplina y educación

Son tres palabras que repite varias veces.

«Eso es fundamental.»

Porque para Mario el problema de muchas instituciones es que cada uno termina yendo por libre.

«Tiene que existir un proyecto común. Que alguien marque la dirección»

Un mensaje para las nuevas generaciones

Antes de terminar, deja un consejo para los niños y jóvenes que hoy llenan las pistas del CHAS.

«Que estudien. Que hagan deporte. Aprendan a convivir y respeten a los demás»

Porque, al final, por encima de las medallas y de los resultados, lo importante son los valores.

«La educación es la base de todo.»

Mirar atrás para seguir construyendo

Mario escucha el reto: una frase para definir al Club Hípico Astur.

La respuesta es clara, el CHAS sigue teniendo un potencial enorme, no se puede estancar, está a tiempo de volver a brillar.

Y en la convivencia está la clave.

«Tiene unas instalaciones magníficas. Una historia impresionante. Una identidad que lo hace único»

Solo hace falta volver a apostar aquello que hizo grande al club.

La convivencia.

La educación.

El orden.

La disciplina.

Y, sobre todo, el espíritu de una gran familia.

Porque después de 86 años de pasión por los caballos, Mario Martínez García tiene una certeza absoluta.

«Mientras haya personas que quieran al CHAS, siempre habrá esperanza.»

“Los caballos unen a las personas. Pero son las personas las que hacen grande a un club.”

Mario Martínez García

Socio histórico del Club Hípico Astur.