Aprender a montar. Mantener el equilibrio. Dirigir al caballo. Superar poco a poco nuevos ejercicios. Pero también acercarse a él, conocerlo, cuidarlo y aprender a entender sus reacciones.
Quizá ahí esté una de las grandes diferencias entre la equitación y muchos otros deportes: el niño no practica solo. Todo lo que hace implica relacionarse con otro ser vivo, y esa relación convierte cada clase en algo que va bastante más allá del ejercicio físico.
En una escuela hípica, los niños aprenden técnica y desarrollan capacidades físicas, pero también adquieren responsabilidades, ganan autonomía y descubren una forma diferente de relacionarse con su entorno.
Un deporte que trabaja el cuerpo casi sin darse cuenta
A simple vista puede parecer que es el caballo quien realiza buena parte del esfuerzo. Sin embargo, montar exige al jinete realizar constantes ajustes para acompañar el movimiento y mantener una posición estable.
La equitación trabaja especialmente el equilibrio, la coordinación, la estabilidad postural y la musculatura implicada en el control de la posición. La propia formación de la British Horse Society contempla aspectos como fuerza postural, simetría, equilibrio, coordinación, resistencia, fuerza y flexibilidad dentro del desarrollo del jinete.
Y existe otra particularidad especialmente interesante para los niños: muchas de esas capacidades se desarrollan mientras están pendientes de algo completamente distinto. Para ellos, el objetivo no es fortalecer determinados músculos. Es conseguir hacer aquello que están aprendiendo con su caballo o poni.
Concentración, atención y capacidad de anticiparse
Sobre un caballo ocurren muchas cosas al mismo tiempo.
Hay que mantener la posición, recordar un recorrido, escuchar las indicaciones del profesor, utilizar correctamente las ayudas y prestar atención a lo que está haciendo el caballo.
Por eso la concentración forma parte de las capacidades que intervienen directamente en el desarrollo de un jinete.
Además, el caballo obliga a estar presente. No basta con repetir mecánicamente un movimiento: el niño tiene que observar, reaccionar y adaptar lo que hace a la respuesta que recibe.
Aprender a gestionar la frustración y perseverar
No todo sale a la primera. Y probablemente sea bueno que así sea.
Habrá días en los que un ejercicio salga perfectamente y otros en los que cueste más. Un caballo puede responder de manera diferente a la esperada y aquello que parecía dominado puede requerir volver a intentarlo.
Esa progresión enseña algo importante: equivocarse forma parte del aprendizaje.
No sorprende que la perseverancia sea una de las competencias que la British Horse Society trabaja expresamente en sus programas educativos con niños y jóvenes vinculados a los caballos.
Aprender a esperar, intentarlo de nuevo, controlar una reacción impulsiva y modificar lo que uno está haciendo son aprendizajes que nacen de forma bastante natural dentro de una pista.
Confianza que se construye poco a poco
La confianza en la equitación no suele llegar de golpe.
Puede empezar simplemente atreviéndose a acercarse al caballo. Después llega montar, hacerlo con mayor autonomía, controlar determinados movimientos o superar por primera vez un ejercicio que parecía difícil.
Cada pequeño avance proporciona al niño una referencia muy concreta de lo que es capaz de conseguir.
El trabajo con caballos se utiliza precisamente en programas educativos destinados a desarrollar confianza, comunicación, perseverancia, relaciones y responsabilidad en niños y jóvenes.
Y quizá eso sea más valioso que decirle a un niño que puede hacer algo: permitirle comprobar por sí mismo que puede hacerlo.
La responsabilidad empieza antes de montar
La equitación tiene otra diferencia respecto a muchos deportes. La actividad no comienza necesariamente cuando el alumno pone un pie en el estribo.
Acercarse correctamente al caballo, conocer las normas de seguridad, aprender cómo manejarlo o comprender cuáles son sus necesidades forma también parte de la cultura ecuestre. Los programas de formación de la British Horse Society incluyen desde las primeras etapas cuestiones como aproximarse al caballo con seguridad, conducirlo y conocer sus necesidades básicas de bienestar.
El caballo no es material deportivo que se guarda cuando termina la clase.
Es un ser vivo que necesita atención, respeto y cuidados. Y entender esa diferencia introduce de una manera muy natural conceptos como responsabilidad, disciplina y respeto.
Aprender a comunicarse sin palabras
Probablemente sea uno de los aspectos más especiales de este deporte.
Un caballo no entiende una explicación verbal como la entendería otra persona. El jinete aprende a comunicarse mediante su posición, sus ayudas y su comportamiento, pero también tiene que aprender a observar.
Con el tiempo comienza a reconocer cuándo el caballo está tranquilo, atento, incómodo o distraído y descubre que su propia forma de actuar también provoca una respuesta.
Esa relación obliga a desarrollar sensibilidad, paciencia y capacidad de observación. La conexión con el caballo es, de hecho, uno de los factores contemplados en la formación y desarrollo del jinete.
También es un lugar en el que relacionarse
Aunque caballo y jinete formen un binomio, aprender equitación no tiene por qué ser una actividad solitaria.
Las clases compartidas, la convivencia en la escuela, ayudar a otros alumnos o vivir juntos pequeños avances crean relaciones alrededor de un interés común.
Los programas ecuestres dirigidos a jóvenes trabajan expresamente competencias como comunicación, trabajo en equipo y construcción de relaciones, y otros itinerarios formativos incorporan también planificación, resolución de problemas y colaboración.
Para muchos niños, la escuela hípica acaba siendo también ese lugar al que pertenecen y donde coinciden con otros niños que comparten su afición por los caballos.
Equitación y naturaleza: tiempo fuera de las pantallas
Hay además un beneficio mucho más sencillo y quizá por eso a veces olvidado.
Montar significa pasar tiempo haciendo una actividad física, prestando atención a lo que sucede alrededor y relacionándose directamente con animales y personas.
Es tiempo ocupado por una experiencia real.
En una época en la que buena parte del ocio infantil transcurre delante de una pantalla, una tarde en una hípica propone prácticamente lo contrario: movimiento, concentración, contacto con el entorno y relación con otros.
Una escuela hípica en Gijón para empezar desde los 5 años
En la Escuela de Equitación del CHAS en Gijón, los niños pueden comenzar a montar desde los 5 años y avanzar progresivamente desde iniciación hasta niveles superiores.
Contamos con ponis y caballos adecuados para diferentes etapas de aprendizaje, clases de martes a domingo y pistas cubiertas y exteriores que permiten desarrollar la actividad durante el curso.
Porque aprender equitación es aprender a montar, por supuesto. Pero quienes pasan tiempo alrededor de los caballos descubren pronto que hay muchas otras cosas que se aprenden mientras tanto.
Y probablemente ahí esté una buena parte de su valor.
Información sobre cursos de hípica en Gijón e inscripciones:
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